21 de agosto de 2010

Won't get fooled again (1971): Y así, de repente, la repisa que sostenía mis discos compactos se vino al piso llevándose por delante la puerta que los protegía. En medio de la tragedia fijé mi atención en cómo uno de los discos compactos de la parte alta caía al piso afuera de su caja plástica. Mientras aquel disco se deslizaba de forma peligrosa por el suelo, un recuerdo hecho paradoja me asaltó entonces: Pete Townshend -el autor de todas las canciones del álbum en cuestión- se deslizaba de la misma manera que mi disco compacto lo hacía justo en ese momento. El videoclip de aquel himno lo confirma en un breve lapso de dos segundos (7:51-7:53). Diagnóstico de mi copia del "Who's Next": reservado.

 

12 de agosto de 2010

Over the rainbow (1939-2007): Esta mañana Google me puso en frente una bonita estampilla de "El Mago de Oz" que produjo una sonrisa instantánea en mí. Cliché o no, esa es una de mis películas favoritas. La vi tarde para no dejarla de ver nunca más. Con mi querido Andrés Wolf la disfrutamos cada tonta tarde. Con Santa Luisa la hicimos dos o tres veces que prefiero no recordar como pasaron y sí como creo que pasaron. Creo que la gente detesta mis tenis rojos -que espero tener siempre o reemplazar por unos del mismo color-, lo que no saben es que mientras espero un bus que me lleve a casa chocho mis talones y pienso en cosas bonitas.

Esta canción interpretada inigualablemente ppor Judy Garland será siempre un pequeño himno a mi infancia tardía y a mis amigos. En esta versión Rufus Wainwright se viste orgulloso de la Garland para brillar como ella. Enjoy it!

 

6 de agosto de 2010

Gloria (1966): Hace una semana me sentaba en una banquita de cemento para hablar con Andrés Gualdrón de música y canciones. Entre tema y tema quedó flotando en el ambiente una sensación casi familiar y comunitaria: el mundo de la música está pasando por un momento oscuro. Algunos días previos o posteriores me enteré de una noticia que confirmaba lo espeso y triste del momento al que aludo. En España acababan de cerrar el espacio radial conducido por Diego A. Manrique por más de 18 años.

Rewind... Era 1993. Yo acababa de descrubir la felicidad eterna y me arrojaba a ella en los brazos de los Beatles. Mi papá acababa de comprar un carro de color verde esmeralda, mientras que los periódicos nacionales entraban en la moda rentable de vender coleccionables. Aunque algo borroso, creo recordar que El Tiempo presentó un atlas con mapas políticos y geográficos que incluían a los pequeños países nuevos luego de la caída del Muro de Berlín, mientras que El Espectador ofreció una colección sobre Colombia, sus regiones, tradiciones, festividades, gastronomía y cosas por el estilo. Lo que recuerdo perfectamente es que La Prensa y su sección de música llamada Planeta Elvis, se atrevieron a entregar La Historia del Rock en 42 fascículos. Uno cada viernes.

La Historia del Rock era licenciada por el diario El País de España y estaba dirigida por Diego A. Manrique. Durante 42 viernes me dediqué a aprender de rock de la pluma de Manrique y sus colaboradores. Orígenes, géneros, bandas por montones, movimientos, subculturas, industria, eras, términos, cronología y muchas cosas más. Algo de mi pequeño disco duro fue ocupado por cada uno de los artículos de una colección imprescindible a la hora de tomar la decisión sobre qué carajos quería estudiar. Al final, el primer fascículo de la colección me ayudó a sostener teóricamente mi sonada monografía de grado.

Fastforward... La providencia quiso que una copia de dicha investigación llegara a las manos de Diego. Y quiso más cuando después de leerla tuvo unas palabras públicas sobre y para la misma y por extensión para conmigo. Intentar explicar qué significa para mí que uno de los responsables de que yo haga lo que haga es imposible. Sólo baste decir que es uno de los detalles más bonitos de mi vida.

Play... La burocracia española ha decidido acabar con "El Ambigú", el programa de Manrique. No hay explicaciones serias del porqué. El nuevo director de turno decidió que ya no más. Así, como suelen hacerlo en todas partes del planeta, a las patadas, sin dar explicaciones, abusando del poder. ¿Y los que escuchamos su programa? ¿Y los que queremos seguir aprendiendo o sencillamente disfrutando de su saber? El siguiente por favor.

Esta canción hecha en Bogotá en 1966 por los Young Beats, un grupo de jovencitos complicados amantes del blues y el rocanrol es para Diego A. Manrique. Para que aguante, para que no desanime y siga animando y enseñando que “no existe música buena y música mala" tan sólo "música que emociona y música que no”. Desde donde sea, que siempre tendrá quién lo escuche.

 

(Explicación no pedida, acusación manifiesta) No existe en Colombia un símbolo de la radio ligado al rock nacional que acumule el saber y la afición sencilla por la música como Diego A.Manrique. Durante breves temporadas disfruté de las voces y el conocimiento de Félix Sant-Jordi, Gustavo Gómez Córdoba, Eduardo Arias, Sandro Romero Rey y Álvaro González. Este último defendió como un titán a la radio pública cuando el tirano de turno quiso acabarla. La salvó y existe y la disfrutamos gracias a él.

20 de julio de 2010

Colombita (2006): Es claro que uno no elige el país en que nace. Yo soy colombiano desde que nací. Alguna vez Borges dijo que ser colombiano es un acto de fe. Fe es creer sin tener pruebas o evidencias de lo que se cree. Quizás por eso, sabiamente o no, Borges dijo lo que dijo. Hoy hace 200 años Colombia dejó de ser una colonia española. Hoy el pueblo colombiano celebra dicho acontecimiento sin mirar atrás. Los medios ayudan a que la fiesta sea grande y que el corazoncito palpite tricolor. Todos arman el mismo collage con imágenes de la gran memoria colectiva empapada y limitada de unosunos, cincoceros, campeonesdelmundo, premiosdemontañas, vacunascontralamalaria, premiosnobel, premiosgrammy, premiosemmy, elmejorcafédelmundo, operacionesjaque, colombiaespaciónytodolodemás. Yo soy colombiano porque sí. Yo también canto el gol y como guayaba. Yo no olvido la barbarie. Pero ni me enorgullezco, ni me avergüenzo. Muchos colombianos sí. Así somos.

Mi patria, mi nación, o mi país no se llama Colombia, ni tiene límites mentales, ni fronteras morales absurdas. Cursi o no esta es mi verdá. Mi patria reside en las palabras, los besos, los abrazos y el corazón de Hernán Humberto, Sara María, Andrés Wolf y Diana Consuelo; en el corazón y el hogar de cada uno de mis amigos, en la alegría y el dolor de cada uno de ellos; en tantas cosas bellas como bien lo dijo Blades; en cada paso que doy y que va marcando mi camino sin rumbo fijo. Y eso lo celebro todos los días de la mano del sol y el arrullo del frío.

No veo porqué tanto alboroto. En todo, caso hace 200 años existe Colombia, la jovencita que mi amigo Pala dibuja tan bien en esta canción.

 

10 de julio de 2010

Oh my love (1971): Al final de mis días cuando el corazón y la mente ya no puedan más, esta canción de John Lennon me susurrará el nombre Diana Consuelo como la verdad absoluta, como la felicidad definitiva. Para ella en su cumpleaños.

Oh my love for the first time in my life,
My eyes are wide open,
Oh my lover for the first time in my life,
My eyes can see,

I see the wind,
Oh I see the trees,
Everything is clear in my heart,
I see the clouds,
Oh I see the sky,
Everything is clear in our world,

Oh my love for the first time in my life,
My mind is wide open,
oh my lover for the first time in my life,
My mind can feel,

I feel the sorrow,
Oh I feel dreams,
Everything is clear in my heart,
Everything is clear in our world,
I feel the life,
Oh I feel love.

 

8 de julio de 2010

It don't come easy (1971): A Ringo (el baterista más grande de todos los tiempo), con amor: Cuando los demás se fijaron en ti ya eras famoso en la ciudad. Sabían que tenías el don y la magia en cada una de tus extremidades, que eras la pieza que le faltaba al rompecabezas. Sin ti no habrían sido nadie. Le diste sentido a las películas que Richard Lester hizo con ustedes: la escena en la que vas caminando solo y taciturno junto al río, el anillo del sacrificio, tu tía y todo lo demás también. Renunciaste sin quererlo, apabullado por tres egos que se disputaban tu amistad y humildad. Pero volviste para hundirte con el barco en un final casi feliz. Después vendiste muchos más discos que los genios que te acompañaron en cada grabación. Y Keith Moon y Marc Bolan y Stephen Stills y Frank Zappa y Dr. John, y Peter Frampton y Elton John y Robbie Robertson y Harry Nilson y Ron Wood y Jerry Lee Lewis y Carl Perkins y tu infinita banda de estrellas -incluyendo a John, Paul y George- hicieron del rocanrol amistad a tu lado. Las canciones y los discos que más felicidad me han otorgado tienen tu ritmo y tu tempo. Y eso es suficiente. Felices 70, Richie!

 

24 de junio de 2010

El día que me quieras (1935): Hace 75 años Carlos Gardel se convirtió en una estrella de eterno titilar. Hace un poco más de tres años, el mismo Gardel conspiró con la providencia para sellar con fuego hecha canción, y esta hecha beso, el momento definitivo de mi vida. "Luciérnaga curiosa que verás, que eres mi consuelo!".

Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.
Cómo ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
todo todo se olvida.

El día que me quieras
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta
con su mejor color.
Y al viento las campanas
dirán que ya eres mía,
y locas las fontanas
se contarán su amor.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo,
luciérnaga curiosa que verás
que eres mi consuelo.

El día que me quieras
no habrá más que armonía.
Será clara la aurora
y alegre el manantial.
Traerá quieta la brisa
rumor de melodía.
Y nos darán las fuentes
su canto de cristal.

El día que me quieras
endulzarán sus cuerdas
el pájaro cantor.
Florecerá la vida,
no existirá el dolor.

La noche que me quieras
desde el azul del cielo,
las estrellas celosas
nos mirarán pasar.
Y un rayo misterioso
hará nido en tu pelo.
Luciérnaga curiosa que verás
que eres mi consuelo.



 

18 de junio de 2010

Aguacero (1999): Mi abuelita, la señora Gilma Gallegos, madre de mi madre ha cumplido 85 años. Ella es la valentía encarnada y revelada ante mis ojos. Ella y el señor Florentino Vargas -santandereanos los dos, de Jesús María- tuvieron cinco hijas: Josefina, Sara, Susana, Didia y Nelly. Cuando Sara -mi mamá, la segunda de las cinco- tenía 10 años de edad, el señor Florentino fue asesinado por un par de ladrones de poca monta que intentaban robar el almacen que mi abuelo cuidaba. Le tocó entonces a la señora Gilma hacer de papá y mamá por fuerza de la providencia. En lugar de guardar su pulsión de amante en un baúl eterno y polvoriento, la trasnformó con ternura en amor puro y trabajo para las cinco chicas que dependían de ella. En eso se le fue la vida. De a pocos dejó de fumar Pielroja sin filrto, de a pocos fijó su mirada en esa ventana en la que observa a la gente pasar, mientras se obstina en no querer recordarle a las cinco lo que recuerda en silencio.

Escena impúdica: Sara camina por la calle llevando en cada mano a sus hijos, los niños Umberto y Wolf. Caminan rumbo a la casa de la abuelita Gilma. Al voltear una esquina, Sara, Umberto y Wolf ven a lo lejos a la abuelita que también camina rumbo a su casa que se encuentra a una cuadra. Los niños sueltan las manos de la mamá y salen corriendo, gritando como locos el nombre de su abuela "¡Abuelita Gilmaaaaaaa, abuelita Gilmaaaaaaaa!" dirigiéndose con los brazos abiertos a la señora que les da la espalda. Cuando están a punto de alcanzar a la señora, esta voltea a mirar qué ocurre sorprendiendo a los niños con un rostro extraño. La señora que de espaldas parecía ser la abuelita Gilma no lo era. Los niños rápida y telepáticamente continúan su carrera planeando con los brazos mientras su gritos "¡Abuelita Gilmaaaaaaa, abuelita Gilmaaaaaaaa!" retumban en toda la calle hasta llegar a una puerta que dejan de golpear sólo cuando la querida abuela la abre y los recibe con una sonrisa enorme y unos brazos más grandes y abrazadores que dios.

Querida Gilma: lo poco valiente y generoso que soy es un pálido asomo de tu inmensidad. Te amo.