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5 de mayo de 2012

Parao (2002): Esta semana el cacto ha vuelto a florecer. Cada botoncito que brota en él alegra mi casa. Ayer en la tarde mi padre llegó para contarme la noticia. Esta semana lo llamamos un par de veces para preguntarle cómo se encontraba pero nadie atendió ninguna de las dos llamadas. Pensamos que la hora no era la adecuada, que quizás estaba descansando. Las últimas veces que conversamos mientras me recetaba medicinas para una infección oftálmica y vitaminas, hablamos de Dios, de fútbol, de la enfermedad de Perthes, de la salud pública y del sistema óseo. Hace casi diez años me salvó la vida, cuando me vio me dijo "Si vienes mañana ya no hay nada que hacer". Yo me estaba desangrando por dentro. En mi última visita me contó su vida. Lo vi bien. Quería contarle que me he vuelto vegetariano y ver la expresión en su rostro. Fue el más grande. De él aprendí la misericordia.

Lo echaré mucho de menos, querido doctor Eduardo Alvarado Valero. Sabe, usted y yo nunca hablamos de música, pero hoy quiero decirle que siempre pensé que su vida fue así, como lo que canta Rubén en esta canción. Mi admiración eterna y mi agradecimiento infinito para usted. Ojalá que exista el cielo para volverlo a ver.

   

18 de junio de 2010

Aguacero (1999): Mi abuelita, la señora Gilma Gallegos, madre de mi madre ha cumplido 85 años. Ella es la valentía encarnada y revelada ante mis ojos. Ella y el señor Florentino Vargas -santandereanos los dos, de Jesús María- tuvieron cinco hijas: Josefina, Sara, Susana, Didia y Nelly. Cuando Sara -mi mamá, la segunda de las cinco- tenía 10 años de edad, el señor Florentino fue asesinado por un par de ladrones de poca monta que intentaban robar el almacen que mi abuelo cuidaba. Le tocó entonces a la señora Gilma hacer de papá y mamá por fuerza de la providencia. En lugar de guardar su pulsión de amante en un baúl eterno y polvoriento, la trasnformó con ternura en amor puro y trabajo para las cinco chicas que dependían de ella. En eso se le fue la vida. De a pocos dejó de fumar Pielroja sin filrto, de a pocos fijó su mirada en esa ventana en la que observa a la gente pasar, mientras se obstina en no querer recordarle a las cinco lo que recuerda en silencio.

Escena impúdica: Sara camina por la calle llevando en cada mano a sus hijos, los niños Umberto y Wolf. Caminan rumbo a la casa de la abuelita Gilma. Al voltear una esquina, Sara, Umberto y Wolf ven a lo lejos a la abuelita que también camina rumbo a su casa que se encuentra a una cuadra. Los niños sueltan las manos de la mamá y salen corriendo, gritando como locos el nombre de su abuela "¡Abuelita Gilmaaaaaaa, abuelita Gilmaaaaaaaa!" dirigiéndose con los brazos abiertos a la señora que les da la espalda. Cuando están a punto de alcanzar a la señora, esta voltea a mirar qué ocurre sorprendiendo a los niños con un rostro extraño. La señora que de espaldas parecía ser la abuelita Gilma no lo era. Los niños rápida y telepáticamente continúan su carrera planeando con los brazos mientras su gritos "¡Abuelita Gilmaaaaaaa, abuelita Gilmaaaaaaaa!" retumban en toda la calle hasta llegar a una puerta que dejan de golpear sólo cuando la querida abuela la abre y los recibe con una sonrisa enorme y unos brazos más grandes y abrazadores que dios.

Querida Gilma: lo poco valiente y generoso que soy es un pálido asomo de tu inmensidad. Te amo.

17 de diciembre de 2008

Caminos verdes (1984): Cuando los caminos del corazón se convierten en laberintos oscuros, cuando el día por más soleado que parezca es gris y pesan el tiempo y las acciones. A veces una canción es la extensión del sol. Y los rayos convertidos en acordes sencillos iluminan lo que estaba cubierto por tinieblas. A veces un estribillo simple es la máxima expresión de la belleza.

Nos vemos el próximo año querido Rubén. En tu solar que es el mismo mío, calienta siempre y la alegría no es sólo brasileña.




4 de septiembre de 2008

Primogenio (2002): "Nosotros sabemos que la tierra no pertenece al hombre, que es el hombre el que pertenece a la Tierra. Lo sabemos muy bien, Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. El hombre no creó la trama de la vida, es sólo una fibra de la misma. Lo que haga con ese ese tejido, se lo hace a si mismo. No, el día y la noche no pueden vivir juntos". Gran Jefe Seattle (1855)