Tú y las nubes: Ven a silbarme una canción de esas que se te quedaron por fuera. Dicen que hiciste más de mil, pero quién supiera que desde el cielo, vas borrachito, borrachito, sembrando una canción o un verso en cada uno de los que te escucha, te admira y te reconoce como el más grande de todos. Ya quisieran ellos escribir como tú y cantar como tú. 35 años después, mientras la gente te olvida entre vicentes y luís migueles -que a lo mero macho se pintan el pelo y se estiran la cara-, algunos vamos dando tumbos por ahí, buscándote entre las estrellas, las heridas o en las huellas de un trago de tequila.
A tu salud hoy y siempre, querido José Alfredo!
"hay canciones lo suficientemente heroicas, paran los relojes con el pensamiento de alguien" AC.
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23 de noviembre de 2009
2 de junio de 2009
Ella: Hace unos días mi amigo Pala escribía en su blog personal (http://palabraspala.blogspot.com/2009/05/ruta-7.html), que no cree en esa teoría de que las canciones le pueden cambiar la vida a la gente. Bien lo sabe él que yo sí creo en ella. Más allá de pensar en el lugar que le corresponde a los compositores, para mi lo importante es la canción; independiente de quién la haya hecho, en qué fecha y lugar, y del género musical al que corresponda; la reina es la canción. Creo que ellas -las canciones- tienen el poder de detener el tiempo por brevísimos instantes; tienen el poder tirano de transportarnos en el tiempo, a su antojo, a un momento bueno o malo del pasado; también tienen el poder de permitirnos quedar en el corazón y la memoria de otras personas; pero sobre todo -para mi- tienen el poder de curar y de cambiar.
Tenía 13 años. Estaba frente al televisor. No era 1964 sino 1993. Y tampoco estaba en Nueva York sino en Bogotá. De pronto me tropecé con una canción de los Beatles que -lo juro- cambió mi vida para siempre. Ahora busco las canciones, como un condenado la salvación, para sentirme en la ruta sin importar la gloria o la pena.
Bien lo dijo Don Joaquín Sabina alguna vez: "No sé quién lo dijo pero me gustaría haberlo dicho yo: una canción es una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen sonido y algo más, que nadie sabe lo que es pero que es lo único que importa".
Una muestra de ello es esta canción del más grande de todos. Con tan poco hizo tanto, hizo casi todo y aún me pregunto cómo demonios. Pero no importa.
Tenía 13 años. Estaba frente al televisor. No era 1964 sino 1993. Y tampoco estaba en Nueva York sino en Bogotá. De pronto me tropecé con una canción de los Beatles que -lo juro- cambió mi vida para siempre. Ahora busco las canciones, como un condenado la salvación, para sentirme en la ruta sin importar la gloria o la pena.
Bien lo dijo Don Joaquín Sabina alguna vez: "No sé quién lo dijo pero me gustaría haberlo dicho yo: una canción es una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen sonido y algo más, que nadie sabe lo que es pero que es lo único que importa".
Una muestra de ello es esta canción del más grande de todos. Con tan poco hizo tanto, hizo casi todo y aún me pregunto cómo demonios. Pero no importa.
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