Man in the mirror (1987): El primer álbum de vinilo del que tengo algún recuerdo visual y sonoro es Thriller. Debe ser un recuerdo que corresponde al año 84 u 85, seguro no es del 82. También Thriller, Beat it y Billie Jean, son los primeros videoclips de los que tengo memoria junto a uno que parecía una pequeña película dirigida por Martin Scorsese llamado Bad, por supuesto que las imágenes no se confunden y este último lo ubico con posteridad en el tiempo. Con 11 años de edad me sorprendió otro clip impresionante llamado Black or white, en el que al final miles de rostros se iban fundiendo y sucediendo uno a otro de manera grandiosa. Ese es quizás mi último gran recuerdo cargado de satisfacción de un hombre al que, por más blanco que aparecía cada vez que me lo encontraba en algún lado, siempre lo pensé como un hombre negro. Su voz así me lo revela.
En el medio de todos esos videoclips , una película un poco extraña llena de "recuerdos", abría con esta canción que confirmaba la genialidad de Michael Jackson.
"hay canciones lo suficientemente heroicas, paran los relojes con el pensamiento de alguien" AC.
26 de junio de 2009
2 de junio de 2009
Ella: Hace unos días mi amigo Pala escribía en su blog personal (http://palabraspala.blogspot.com/2009/05/ruta-7.html), que no cree en esa teoría de que las canciones le pueden cambiar la vida a la gente. Bien lo sabe él que yo sí creo en ella. Más allá de pensar en el lugar que le corresponde a los compositores, para mi lo importante es la canción; independiente de quién la haya hecho, en qué fecha y lugar, y del género musical al que corresponda; la reina es la canción. Creo que ellas -las canciones- tienen el poder de detener el tiempo por brevísimos instantes; tienen el poder tirano de transportarnos en el tiempo, a su antojo, a un momento bueno o malo del pasado; también tienen el poder de permitirnos quedar en el corazón y la memoria de otras personas; pero sobre todo -para mi- tienen el poder de curar y de cambiar.
Tenía 13 años. Estaba frente al televisor. No era 1964 sino 1993. Y tampoco estaba en Nueva York sino en Bogotá. De pronto me tropecé con una canción de los Beatles que -lo juro- cambió mi vida para siempre. Ahora busco las canciones, como un condenado la salvación, para sentirme en la ruta sin importar la gloria o la pena.
Bien lo dijo Don Joaquín Sabina alguna vez: "No sé quién lo dijo pero me gustaría haberlo dicho yo: una canción es una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen sonido y algo más, que nadie sabe lo que es pero que es lo único que importa".
Una muestra de ello es esta canción del más grande de todos. Con tan poco hizo tanto, hizo casi todo y aún me pregunto cómo demonios. Pero no importa.
Tenía 13 años. Estaba frente al televisor. No era 1964 sino 1993. Y tampoco estaba en Nueva York sino en Bogotá. De pronto me tropecé con una canción de los Beatles que -lo juro- cambió mi vida para siempre. Ahora busco las canciones, como un condenado la salvación, para sentirme en la ruta sin importar la gloria o la pena.
Bien lo dijo Don Joaquín Sabina alguna vez: "No sé quién lo dijo pero me gustaría haberlo dicho yo: una canción es una buena letra, una buena música, una buena interpretación, un buen sonido y algo más, que nadie sabe lo que es pero que es lo único que importa".
Una muestra de ello es esta canción del más grande de todos. Con tan poco hizo tanto, hizo casi todo y aún me pregunto cómo demonios. Pero no importa.
19 de mayo de 2009
Diamond Joe (1970): Empiezo a observar con sospecha las recomendaciones que el simpático last.fm me hace cuando escucho alguna cosa determinada. Cuando estoy escuchando alguno de los nuevos cantautores de country o folk y reviso los artistas similares que la página esta me recomienda, pues ya no hay sorpresas, ya no hay nada que "me motive a". Ejemplo: si estoy escuchando a -digamos- Bonnie ''Prince' Billy y miro las recomendaciones, empiezo a encontrarme una serie de hombres menudos todos, con cara de perros hambrientos o colocados, tristes, adelante de una montaña o una casa vieja, o también junto a un carro destartalado o un caballo; en su mayoría llevan barba de 365 días o más; y la mayoría también usa algún seudónimo de una o dos palabras. Al principio me gustaba ese ambiente bucólico, como detenido en el tiempo. Pero ya no, es un tipo de impostura, de fotografía que no será. Empiezo a hartarme de los bonniesprincebillys, los billcallahanes, los ironandwines, los devendrasbanhart, los michaspehison, los raylamontagnes, los demianrices, los elvisperkines, los bandsofhorses, los williamfizstsimmons, los phosphorescents, los bowerbirdes, los horsefeathers, los sunkilmunes, los mwares, los casanetes, los jeitillmanes, los shearwaters, los lambchopes, los fletefoxes, los vetiveres, los wovenhanes, los boniveres, los okkervilriveres, los blitzentrapperes, los conoroberst, los sufjanstevenes, los joshritteres, los josesgonzales, los deathcabforcuties......
podría continuar porque cada día sale uno nuevo con una guitarra de palo, o en su defecto, una muy buena guitarra folk pero que parece de palo; y todos tocando ese mismo chacachá chacachá tan genuino y rico. pero tan lejano a este tiempo. Reconozco que me gusta ese sonido y muchos de los muchachos que menciono arriba, pero en serio empiezo a cansarme de lo mismo.
Lo lamento, pero hoy yo me curo con el gran Ramblin' Jack Elliott para seguir mirando hacia adelante.
podría continuar porque cada día sale uno nuevo con una guitarra de palo, o en su defecto, una muy buena guitarra folk pero que parece de palo; y todos tocando ese mismo chacachá chacachá tan genuino y rico. pero tan lejano a este tiempo. Reconozco que me gusta ese sonido y muchos de los muchachos que menciono arriba, pero en serio empiezo a cansarme de lo mismo.
Lo lamento, pero hoy yo me curo con el gran Ramblin' Jack Elliott para seguir mirando hacia adelante.
13 de mayo de 2009
El sitio de mi recreo (1992): Las emociones se mezclan a la hora del café. El cielo de Madrid es grande pero chico para lo enorme que es Antonio Vega, que se fue dejando su tristeza y su nobleza en los corazones. Su mirada y el andar errante buscando un lugar -que quizás no existe- lo llevaron hasta abismos indeseables. Allí -luchando contra gigantes- encontró esa belleza urgente que se hace visible sólo cuando el fondo obliga. Ojalá que exista el cielo...
27 de abril de 2009
Memoria de jóvenes airados (2008): Y llegó una carta desde el sur cargada de aliento y de fe y con olor a canción. Las palabras volvieron a dar en el blanco perfecto, en el justo centro donde el recuerdo y el afecto permanecen casi intactos -apenas cubiertos por la pátina de un próximo encuentro- y la duda convive con ellos. Sé de pocos con un corazón de oro como el que busca Neil Young eternamente, y con la mirada altiva como la que tienen esos chicos de los que habla Loquillo en esta preciosa canción. Así es el amor que mis amigos y yo nos profesamos: altivo y de oro.
13 de abril de 2009
Ashes of american flags (2002): La verdá en la boca rota como los sueños del hombre que soñó que escribía profecías vendidas y vencidas en un libro santo manchado de la sangre de los últimos justos. Cormac McCarthy, incrédulo y desvencijado, afana su último trago de güisqui y apaga la radio antes del final que se anuncia con una canción de la mejor banda del mundo: Wilco.
31 de marzo de 2009
Hallelujah (1994): Cuando uno está escuchando una canción y siente que esa canción es la más hermosa, profunda y conmovedora del mundo y de la historia, que el tiempo se quiebra en dos partes indefinidas, que el aire entero no alcanza para respirar y que la vida se corta, es la vida misma que se conjuga en el tiempo infinito produciendo una sensación inefable y eterna con nombre de canción.
¿Quién puso en palabras lo inefable? Lo posible, muchos. Jeff Buckley cantó a Leonard Cohen y respondió a mi pregunta con su voz.
¿Quién puso en palabras lo inefable? Lo posible, muchos. Jeff Buckley cantó a Leonard Cohen y respondió a mi pregunta con su voz.
17 de marzo de 2009
Castillo de piedra (1972): Una mañana a mediados de la última década del siglo XX me encontré en el centro con mis amigos Rino y Óscar para ir a buscar una supuesta bodega que Rino había descubierto en la que supuestamente vendían discos muy baratos y de difícil acceso. Recorrimos toda la Séptima y la Octava y también la Novena y la Sexta entre Jiménez y Diecinueve. No encontramos nada. No supe si en verdá tanta dicha imaginada era mentira o qué, no quise saber tampoco. Sólo recuerdo que me levanté con ganas de comprar un disco del 'Flaco' Spinetta con Pescado Rabioso. Óscar también quería comprar discos de una banda que ahora prefiero no mencionar. Entonces terminamos a donde debimos haber arribado desde el principio.
Llegar a la Musiteca siempre implica abrir bien los ojos, maravillarse y quedar boquiabierto. Es un pequeño cielo en la tierra para todos los melómanos. Desde 1980 en la Musiteca se encuentra música por doquier: ya sea en formato digital, en vinilo de 180 gramos, reediciones, cajas de lujo, películas y conciertos en VHS, en DVD y en Blue Ray, calendarios, camisetas y souvenirs de todo tipo, pero sobre todo, en la calidez de Saúl Álvarez.
Esa mañana le pregunté a Saúl que si tenía a Pescado Rabioso. Me mostró el segundo disco de la banda pero también me mostró un disco raro de Spinetta llamado Spinettalandia y sus Amigos. Ese álbum maldito en la discografía del 'Flaco' sigue siendo mi favorito, básicamente por cómo llegué a él. Esa mañana sentí que aquel disquito -reeditado y con una nueva y mejorada carátula y una linda nota introductoria- estaba ahí para mi y que Saúl se había encargado de cumplir la misión de ponerlo en mis manos.
La última vez fui a llevarle una copia de mi libro. Él no sabía que era yo el del librito sobre la historia del Rock Colombiano. Me sentí un poco avergonzado entregándole a él un texto sobre algo que él mismo había ayudado a construir. Lo recibió a gusto y con agrado y yo me sentí orgulloso y agradecido por su venia.
Hoy Saúl ya no está más acá. Ese pequeño cielo en la tierra extrañará su calidez y su sabiduría. El bicho de la curiosidad tendrá que buscarse otras formas.
A Saúl millones de gracias.
Llegar a la Musiteca siempre implica abrir bien los ojos, maravillarse y quedar boquiabierto. Es un pequeño cielo en la tierra para todos los melómanos. Desde 1980 en la Musiteca se encuentra música por doquier: ya sea en formato digital, en vinilo de 180 gramos, reediciones, cajas de lujo, películas y conciertos en VHS, en DVD y en Blue Ray, calendarios, camisetas y souvenirs de todo tipo, pero sobre todo, en la calidez de Saúl Álvarez.
Esa mañana le pregunté a Saúl que si tenía a Pescado Rabioso. Me mostró el segundo disco de la banda pero también me mostró un disco raro de Spinetta llamado Spinettalandia y sus Amigos. Ese álbum maldito en la discografía del 'Flaco' sigue siendo mi favorito, básicamente por cómo llegué a él. Esa mañana sentí que aquel disquito -reeditado y con una nueva y mejorada carátula y una linda nota introductoria- estaba ahí para mi y que Saúl se había encargado de cumplir la misión de ponerlo en mis manos.
La última vez fui a llevarle una copia de mi libro. Él no sabía que era yo el del librito sobre la historia del Rock Colombiano. Me sentí un poco avergonzado entregándole a él un texto sobre algo que él mismo había ayudado a construir. Lo recibió a gusto y con agrado y yo me sentí orgulloso y agradecido por su venia.
Hoy Saúl ya no está más acá. Ese pequeño cielo en la tierra extrañará su calidez y su sabiduría. El bicho de la curiosidad tendrá que buscarse otras formas.
A Saúl millones de gracias.
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