24 de noviembre de 2010

You take my breathe away (1976): Aún conservo el viejo casete en el que grabé los grandes éxitos de Queen. Lo copié de un casete pirata de una prima a la que le gustaba el rock. Mi relación con Queen no ha sido de amor profundo pero ha estado presente siempre. Recuerdo de lejos ver el tributo a Freddie Mercury en Wembley, mi atención puesta en David Bowie y Mott the Hoople, el coro gospel en "Somebody to love", Elton John, Robert Plant y Roger Daltrey; recuerdo a los cantantes y la ausencia del El Cantante.

Muchos años después casi canto "Bohemian Rhapsody" para 1.600 personas. Mi profesor de técnica vocal estaba ayudando en el montaje de una vergonzosa ópera-rock, un día al finalizar la clase me pidió que me quedara y cantara solo "Bohemian Rhapsody".En principio esa canción la haría una chica pero empezaba a fallar a los ensayos y no la notaban muy comprometida. Así que me pidieron que la ensayara junto con una de Serú Girán. Canté "Bohemian Rhpasody" como un loco durante un mes. Me gustaba cómo sonaba en mi voz. Al final hice la de Serú, pero por alguna extraña razón me sentí orgulloso de la voz de Mercury en mi voz. ¿Herejía?

El recuerdo de algunos amigos queridos me remite de inmediato a Queen. Hace casi cuatro años descubrí que las canciones de Queen me reconcilian con la vida. Todas, o casi. Creo que esto ya lo había dicho. En todo caso, son mis palabras de profundo agradecimiento para Freddie Mercury por toda la alegría otorgada. Ojalá que exista el cielo.

 

13 de noviembre de 2010

Only love can break your heart (1970): Integridad puede ser una de tantas palabras y virtudes para definir a Neil Percival Young. Tan grande como su leyenda, Young celebra hoy 65 años de vida íntegra. Ninguno de sus discos y sus respectivas canciones pasó jamás por filtros diferentes a sus inquietudes éstéticas y políticas; de eso dejan constancia sus discos más odiados pero atrevidos. Como por ejemplo "Le Noise" (2010), su más reciente álbum que estrenó antes de llegar a los 65. Y es que el espíritu de las canciones del joven Neil sobrevuela praderas, playas, bosques y calles de tiempos pretéritos, presentes y futuros en los que la inteligencia y el corazón siempre son objeto de burla cínica y amenaza. Ahí está Neil Young, siempre, acompañando almas desoladas con una vieja guitarra -acústica o eléctrica- y una fágil voz que sentencia verdades devastadoras para fortalecer humanidades. Feliz cumpleaños, Neil. Gracias por tanto bien hecho en mí.

 

20 de octubre de 2010

Scare easy (2008): Quiso que su banda fuese una suma de los Stones y los Byrds y terminó humillando rocanrol de verdad, con amistad y humildad, trazando una estela en el tiempo. Cuando pienso en qué guitarra eléctrica me gustaría tocar, pienso en él y una Rickenbaker. Soy un seguidor devoto de sus canciones y su nasalidad y su languidez y sus discos y sus productores y sus grupos; como el que revivió en 2008, el de la adolescencia, con el que soñó brillar en el mundo y ser grande. Pues bien, una vez grande se permitió seguir brillando con un disco monumental que transpira country y rock en cada minuto, enseñándole de paso, y como quien no quiere la cosa, a decenas de bandas amantes del estilo "americana" de qué va ese asunto. Siempre ese así, como quien no quiere la cosa. De tarde en tarde Thomas viene a arreglarme la vida con alguna de sus tonadas sencillas, de esas que dan en el blanco y rompen el corazón. Felices 58 años querido Tom Petty.

 

9 de octubre de 2010

Nobody loves you (when you're down and out) (1974):


La irremediable sensación de pérdida después de hallar tesoro. La cruel verdad de saber que la suerte no existe y por tanto nunca estará de nuestro lado. La contradicción humana representada en el amor y la violencia. La tristeza hecha canción y tatuaje. La amargura de saberse incompleto y aislado. La felicidad hecha un arma recién disparada. La inofensiva palabra espeteda que duele en la memoria. Por siempre. Feliz cumpleaños, querido John Lennon.

 


Imagen tomada de: http://blogs.southflorida.com/citylink_dansweeney/2006/04/

6 de octubre de 2010

Hombre de ninguna parte (2010):
Historia de una canción: La primera vez que escuché la canción “Hombre de ninguna parte” aún no tenía título pero en ella germinaba todo el espíritu que hoy la abriga. Ocurrió en un estrecho bar bogotano el jueves 7 de mayo de 2009, Xoel López estaba recién desembarcado de Nueva York y le hacía frente al frío y a la altura tocando para unas cuántas personas que esperaban por él. Cuando la cantó sentí una familiaridad inmediata con la letra y con la música. ¿Por qué? El ritmo latinoamericano estaba presente como el Atlántico mismo, también la nostalgia que nos habita, la luna, los tambores, el barrio, los Beatles y la luz. Una postal sonora que contenía impreso parte de mi código genético (por no exagerar más). La noche siguiente volvió a cantarla no sin antes intentar explicar su origen: “Ya sé que os da igual, pero para mí es importante deciros que esta canción la hice hace un mes y la pobre no sabe ni de dónde es. Nació en Buenos Aires, se crió en Nueva York y ahora está de vacaciones en Bogotá. Lo que no sabe, igual que yo no sé, es dónde vamos a estar el año que viene”. La repitió una vez más al día siguiente volviendo a introducirle apartados del “Nowhere man” beatlero y trasponiendo la palabra “Colombia” en lugar de “nostalgia”, una paradoja extraña en la que hasta ahora reparo.

La versión grabada del concierto del día 8 en el teatro Astor Plaza me mantuvo cerca de ella, escuchándola y tarareándola cada tanto. Un año después, ya con la idea de La Caravana Americana en desarrollo, Xoel me hizo llegar una versión demo de “Hombre de ninguna parte” para que funcionara como promoción de los conciertos en Bogotá. La canción ya tenía nombre propio y había prescindido del artículo determinante. El ritmo brasileño de la guitarra acústica se acentuaba con un shaker y una exquisita guitarra eléctrica aparecía como una sombra o la nostalgia que hace mención en la canción; las voces la impregnaban de ánimo libertario y hippie a la vez que una percusión minúscula terminaba de darle la redondez perfecta a una pieza -ya clásica- de Xoel López.

Al igual que en el demo, en los dos conciertos de La Caravana Americana en Bogotá la canción contó con los coros de Lola García Garrido dándole un tono más colorido, o soleado, mejor, dotándola de una naturalidad festiva irrefrenable con el apoyo de un público delirante.

Mi última conversación con Xoel giró en torno a la versión definitiva de “Hombre de ninguna parte”. Su preocupación sobre la producción era seria. Temía que rayara en la horterez o que quedara vulgarmente sobreproducida. Quería “engordarla” un poquito pero la línea entre lo que quería y lo que no, era muy delgada. Tenía pistas de cuerdas, vientos, guitarras, percusiones, bajo, coros, voces y guitarras y no tenía muy claro qué dejar y qué quitar y en qué partes de la canción hacerlo. Buscaba el punto medio de algo hasta entonces inconmensurable. La estaba intentando acercar a la versión demo que yo conocía, pero se sentía haciéndolo en un terreno musical casi desconocido.

No se trataba de una canción pop, rock o folk con las que estaba habituado a trabajar. No se trataba tampoco de un género específico. El meollo del asunto era lo “latino”, ¿cómo conseguir que lo “latino” engranara el lado rock o pop con el lado folk? Para mí esa duda estaba resuelta desde que escuche la canción por primera vez, quizás porque yo he vivido siempre en este lado del charco, donde lo latino bulle en la piel de la tierra y por eso lo sentía en la canción. Pero para Xoel no es así, esta vez los referentes estaban alejados. Por otra parte la música debía ir de la mano con la letra y la preciosa postal que pinta.

Casi un mes después de dicha conversación, recibo en mi casilla de correo la versión definitiva y oficial de “Hombre de ninguna parte”. No dejo de impresionarme cada vez que la escucho porque al final Xoel ha conseguido lo que quería. Él lo expresa con precisión en unas declaraciones para la revista Efe Eme: “la canción empieza prácticamente sólo con la guitarra y termina con un montón de instrumentos a la vez. Algo parecido a lo que viví en este lado del charco, cuando llegué y casi no conocía a nadie y cómo acabé rodeado de amigos cantando. Creo que es un buen resumen de mis casi dos años en el extranjero”. A esto debo añadir que es una canción que condensa, ya no sólo un momento por el que Xoel López atraviesa, sino que lo define a como artista y como persona.

Suba el volumen, presione play y contágiese de la felicidad que le extiende “Hombre de ninguna parte”.

 

21 de agosto de 2010

Won't get fooled again (1971): Y así, de repente, la repisa que sostenía mis discos compactos se vino al piso llevándose por delante la puerta que los protegía. En medio de la tragedia fijé mi atención en cómo uno de los discos compactos de la parte alta caía al piso afuera de su caja plástica. Mientras aquel disco se deslizaba de forma peligrosa por el suelo, un recuerdo hecho paradoja me asaltó entonces: Pete Townshend -el autor de todas las canciones del álbum en cuestión- se deslizaba de la misma manera que mi disco compacto lo hacía justo en ese momento. El videoclip de aquel himno lo confirma en un breve lapso de dos segundos (7:51-7:53). Diagnóstico de mi copia del "Who's Next": reservado.

 

12 de agosto de 2010

Over the rainbow (1939-2007): Esta mañana Google me puso en frente una bonita estampilla de "El Mago de Oz" que produjo una sonrisa instantánea en mí. Cliché o no, esa es una de mis películas favoritas. La vi tarde para no dejarla de ver nunca más. Con mi querido Andrés Wolf la disfrutamos cada tonta tarde. Con Santa Luisa la hicimos dos o tres veces que prefiero no recordar como pasaron y sí como creo que pasaron. Creo que la gente detesta mis tenis rojos -que espero tener siempre o reemplazar por unos del mismo color-, lo que no saben es que mientras espero un bus que me lleve a casa chocho mis talones y pienso en cosas bonitas.

Esta canción interpretada inigualablemente ppor Judy Garland será siempre un pequeño himno a mi infancia tardía y a mis amigos. En esta versión Rufus Wainwright se viste orgulloso de la Garland para brillar como ella. Enjoy it!

 

6 de agosto de 2010

Gloria (1966): Hace una semana me sentaba en una banquita de cemento para hablar con Andrés Gualdrón de música y canciones. Entre tema y tema quedó flotando en el ambiente una sensación casi familiar y comunitaria: el mundo de la música está pasando por un momento oscuro. Algunos días previos o posteriores me enteré de una noticia que confirmaba lo espeso y triste del momento al que aludo. En España acababan de cerrar el espacio radial conducido por Diego A. Manrique por más de 18 años.

Rewind... Era 1993. Yo acababa de descrubir la felicidad eterna y me arrojaba a ella en los brazos de los Beatles. Mi papá acababa de comprar un carro de color verde esmeralda, mientras que los periódicos nacionales entraban en la moda rentable de vender coleccionables. Aunque algo borroso, creo recordar que El Tiempo presentó un atlas con mapas políticos y geográficos que incluían a los pequeños países nuevos luego de la caída del Muro de Berlín, mientras que El Espectador ofreció una colección sobre Colombia, sus regiones, tradiciones, festividades, gastronomía y cosas por el estilo. Lo que recuerdo perfectamente es que La Prensa y su sección de música llamada Planeta Elvis, se atrevieron a entregar La Historia del Rock en 42 fascículos. Uno cada viernes.

La Historia del Rock era licenciada por el diario El País de España y estaba dirigida por Diego A. Manrique. Durante 42 viernes me dediqué a aprender de rock de la pluma de Manrique y sus colaboradores. Orígenes, géneros, bandas por montones, movimientos, subculturas, industria, eras, términos, cronología y muchas cosas más. Algo de mi pequeño disco duro fue ocupado por cada uno de los artículos de una colección imprescindible a la hora de tomar la decisión sobre qué carajos quería estudiar. Al final, el primer fascículo de la colección me ayudó a sostener teóricamente mi sonada monografía de grado.

Fastforward... La providencia quiso que una copia de dicha investigación llegara a las manos de Diego. Y quiso más cuando después de leerla tuvo unas palabras públicas sobre y para la misma y por extensión para conmigo. Intentar explicar qué significa para mí que uno de los responsables de que yo haga lo que haga es imposible. Sólo baste decir que es uno de los detalles más bonitos de mi vida.

Play... La burocracia española ha decidido acabar con "El Ambigú", el programa de Manrique. No hay explicaciones serias del porqué. El nuevo director de turno decidió que ya no más. Así, como suelen hacerlo en todas partes del planeta, a las patadas, sin dar explicaciones, abusando del poder. ¿Y los que escuchamos su programa? ¿Y los que queremos seguir aprendiendo o sencillamente disfrutando de su saber? El siguiente por favor.

Esta canción hecha en Bogotá en 1966 por los Young Beats, un grupo de jovencitos complicados amantes del blues y el rocanrol es para Diego A. Manrique. Para que aguante, para que no desanime y siga animando y enseñando que “no existe música buena y música mala" tan sólo "música que emociona y música que no”. Desde donde sea, que siempre tendrá quién lo escuche.

 

(Explicación no pedida, acusación manifiesta) No existe en Colombia un símbolo de la radio ligado al rock nacional que acumule el saber y la afición sencilla por la música como Diego A.Manrique. Durante breves temporadas disfruté de las voces y el conocimiento de Félix Sant-Jordi, Gustavo Gómez Córdoba, Eduardo Arias, Sandro Romero Rey y Álvaro González. Este último defendió como un titán a la radio pública cuando el tirano de turno quiso acabarla. La salvó y existe y la disfrutamos gracias a él.